¿Has llegado a un punto donde ya estás harto de ir al trabajo? ¿Levantarte todas las mañanas cada vez se hace más difícil? ¿Tu vida se ha convertido en una rutina y no sabes cómo salir de ahí? Entonces esto es para ti.

Cuando llevamos mucho tiempo en un mismo trabajo, con las mismas actividades, cuando lo que en un principio era “nuevo” y ahora es “lo de siempre”, llega un momento en donde la rutina, el hartazgo, la monotonía empieza a llegar poco a poco, silenciosamente y sin previo aviso te ves sumergido en un trabajo o etapa de tu vida que te sientes como un robot o que simplemente tu trabajo y vida, no tienen un propósito. Sientes que todo lo que haces no tiene un propósito real, algo que trascienda a lo largo de los años y entonces perdiste el entusiasmo hacía tu trabajo.

 

Quiero que sepas que esto es normal y que, a todas las personas en algún punto de su vida les ha pasado. Y aunque es cierto que muchas veces cambiar de trabajo, cambiar de área o hasta irte a vivir a otro lugar ayuda muchísimo, pero ¿Qué pasa cuando tienes compromisos con tu familia? ¿Qué pasa cuando simplemente estás en una etapa de tu vida en donde no puedes permitirte hacer cambios tan grandes? ¿O simplemente estás tan enfrascado en la rutina que ni siquiera ves una salida?

 

La respuesta es muy sencilla: Encuentra el motivador del día

 

¿Qué quiere decir esto? Cada vez que te levantes intenta encontrar una razón por la que tienes que ir a trabajar. Puedes pensar algo como “el dinero, necesito pagar mis gastos”; me parece muy bien, pero ¿y si en lugar de ver a los gastos como “una tortura” los empiezas a ver como una bendición?

Te pondré un ejemplo:

 

Algunos gastos que puedes tener son: teléfono, agua, gas, colegiaturas, gasolina, entre otros. Si te das cuenta gracias a estos servicios puedes, hablar por teléfono con tus seres amados, puedes mantener limpia tu casa, bañarte con agua caliente, que tus hijos tengan una mejor calidad de vida y que puedas transportarte a cualquier lugar cómodo/a y seguro/a.

Cuando te enfocas en los beneficios que te generan estos “gastos”, el sentimiento de estrés o angustia empieza a disminuir porque en realidad los gastos son más bien, inversiones que hacen que tengas una mejor calidad de vida.

 

Ahora ¿Qué pasa cuando el dinero no es una razón suficiente y definitivamente te cuesta realizar tus tareas diarias?

Esto puede pasar cuando muchas veces el “para qué” estoy haciendo esto, se ha perdido, quiere decir que dejaste de ver la razón por la que en un principio lo aceptaste o también la razón por la que tu puesto de trabajo se ha creado o los beneficios que trae este a la empresa o bien a las personas.

 

Te pondré un ejemplo:

 

Un gerente de ventas sólo se dedica a que la empresa tenga más ventas de su producto. Podrías decir que “solo haces que se enriquezca la empresa” lo cual, puede ser cierto. Sin embargo, si vez más allá y analizas los beneficios que tienen las personas al comprar el producto, entonces puedes ver que les puedes hacer más fácil su vida o bien haces que tengan una mejor calidad de vida.

El secreto de buscar el motivador del día, significa que tengas la habilidad de encontrar todos los días una razón por la que tu trabajo ayuda a los demás y que todo lo que haces todos los días por muy rutinario que sea tiene un propósito real. Y en ese propósito es en el que te debes de centrar.

 

Si llega un día en el que ese propósito simplemente no te motive. Entonces encuentra una razón por muy pequeña que sea para levantarte. Tal vez sea, que ese día llega el vendedor de chocolates, que camino al trabajo puedes pasar a comprar la bebida o comida que más te gusta, o que seguramente fulanito a la hora de la comida tendrá los mejores chistes.

El motivador del día puede ir desde lo más pequeño hasta lo más importante para ti. Puede que siempre sea el mismo y también te invito a que lo cambies de vez en cuando para que tu cerebro empiece a buscar otras alternativas y el hartazgo no llegue con tanta facilidad.

 

Pequeñas acciones que puedes hacer para eliminar la rutina:

 

Es cierta la frase que dice “No somos los mismos de ayer”. Piensa en aquel platillo, canción o hasta lugar que hace un par de años no te gustaba y ahora si, o hasta puede ser a la inversa ¿Qué te gustaba antes, que ahora no? Puedes empezar con pequeñas acciones como:

  • Escuchar música que generalmente no escuchas: No necesitas ser drástico, puedes empezar con el mismo género musical de tu agrado, pero en otro idioma.

 

  • Ser espontáneo y tomar otra ruta hacia el trabajo o la casa: Atrévete y observa las cosas diferentes de la nueva ruta; ¿Un nuevo café? ¿La tienda que tiene un artículo que siempre quisiste? Anímate, seguro hay cosas diferentes que traerán beneficios a tu vida.

 

  • Da los “Buenos días”: Es cierto que muchas veces damos los buenos días y las personas nos ignoran o nos saludan de mala gana, lo cierto es que, probablemente tienen un mal día o problemas personales. Mi recomendación es que salgas de tu zona de confort, y aun así saludes y sonrías; una sonrisa tiene el poder de cambiar la actitud de las personas.

 

 Te interesa leer: 5 Pasos para impulsar tu motivación

 

Como viste, no son los grandes cambios, sólo son pequeñas acciones que empezarán a darle otra perspectiva a tu trabajo y a tu vida. Roma no se construyó en un día, empieza poco a poco y te aseguro que notarás los cambios que surgirán en tu trabajo y por consecuencia en tu calidad de vida.

 

Por último, te quiero compartir este capitulo de “Los Simpson”, en donde muy probablemente te sientas identificado con Homero:

 

 

 

 

Cuéntame ¿Cuáles son los motivadores que tienes y utilizas en tu vida? ¿Hay algo que utilices para salir de la rutina? ¿Qué opinas del método de Homero Simpson? Estaré encantada de leer tus comentarios.

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